Alberto Leiva

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La historia de Jesse – Parte 4

La historia de Jesse – Parte 4

Parte 4

Se acerca lentamente, saliendo de las sombras para mostrar su aspecto pálido y demacrado. Pese a ello denota una gran vitalidad, como si se hubiese curado de todos sus males, incluida su muerte. Se rumoreaba que le habían atravesado el cuerpo con varias espadas en el campo de batalla. No tiene aspecto de tener ni la más mínima secuela. Al acercarse a menos de un metro de mí, sus dientes llaman mi atención. Sus colmillos son exageradamente grandes, nadie ha hablado de esta deformidad.

—Su majestad —dijo Jesse mientras hacía una reverencia— le creía muerto, o por lo menos eso es lo que piensa todo el mundo.

—¿Qué te hace pensar que no lo estoy?

No sé que me da más miedo, lo que acaba de decir o la sonrisa siniestra que se ha dibujado en su boca.

—Básicamente porque usted está hablando ahora mismo conmigo.

—Jajaja, en cierto modo estoy vivo, pero no de la misma forma que tú.

—No le entiendo.

—Ya lo entenderás. Toma, prueba este vino, está hecho especialmente por mí.

Se acerca a una de las cajas que sigue cerrada, la abre como quién rompe la hoja de un árbol y saca una botella de vino, o debería decir una botellita, es tan pequeña que podría esconderla cerrando su mano.

—No sabía que usted mismo hacía su propio vino.

—Lo hago desde mi muerte, solo para la gente que yo quiero. Tú eres uno de los elegidos.

—Que gran honor, muchas gracias.

El vino es mucho más oscuro que el de las otras botellas y parece espeso. Hay algo que me da mala espina de todo esto, pero me siento cómodo a su lado. Desde que le he mirado a los ojos siento que puedo confiar en él en todo lo que me diga.

—No pierdas el tiempo y bebe, te gustará.

De pronto el barco hace que me caiga al suelo. El oleaje es demasiado fuerte, no debe estar nadie al mando del timón. En cubierta ya no se oyen gritos ni golpes de sables. La botella sigue en mi mano pese a mi caída. El rey Guillermo I ni se ha inmutado con el movimiento del barco.

—¡Bebe ya! —Gritó el rey Guillermo I de Inglaterra con una voz que parecía salida del mismísimo infierno.

Acepto su orden y bebo. El primer sorbo es asqueroso, pero luego el sabor dulzón lo vuelve adictivo, está extremadamente rico.

—Quiero más, está muy rico, siento que podría beberme la bodega entera.

—Lo harás —dijo el rey Guillermo I haciendo un corte en su muñeca con sus uñas— bebe, lo deseas.

—Sí mi señor, lo deseo.

No tengo voluntad, siento que podría hacer todo lo que me ordenase, sus ojos firmes me dan la mayor de las confianzas. Sin pensármelo bebo de su sangre y la sed se desborda. Está riquísima, cada vez bebo con más fuerza. Puedo escuchar como de su boca se escapa un leve gemido de placer. Al poco me agarra con fuerza del cuello y me muerde. La sensación es extrañamente muy placentera. De pronto, otro golpe de mar hace que salgamos los dos despedidos contra el lateral derecho del barco. El golpe ha sido bastante fuerte, me he hecho daño.

 

*Esta historia está basada en Jesse, un personaje que sale en mi libro «El diario Jensen». A su vez estoy escribiendo dos historias más que son: «La historia de Miguel» que estoy publicándola en Twitter, y «La historia de Alicia» que estoy publicándola en Instagram. Si os gusta mi obra seguidme en Twitter y en Instagram, y si queréis comprar mis libros, recordad que están a la venta en Amazon. También podéis contribuir con vuestras donaciones dándole al botón de Donar en el lateral derecho de esta página web. Muchas gracias a todos por vuestro cariño y vuestro apoyo.